UN RETO DE 30 DÍAS

¿Dices que sí antes de que terminen de pedírtelo? ¿Cargas con todo para que nadie se enfade, y por dentro vas agotada y con un resentimiento que ni te atreves a nombrar?

Para la que dice "sí" antes de pensarlo y vuelve a casa agotada y resentida.

La agenda tenía quince nombres esa semana. Ninguno era el mío.

—¿Me haces un favor? —Claro. Ya lo había dicho. El favor todavía no tenía forma, ni tamaño, ni fecha, y yo ya lo había firmado. Es lunes, son las ocho y media, y llevo tres semanas prometiéndome que esto se acaba. Se ve que no.

El favor era una mudanza. La de una conocida de una amiga, alguien a quien apenas he tratado. Cajas, un sábado entero, dos pisos sin ascensor. Y ahí estaba yo, con la espalda ya avisando, cargando la vida de una desconocida escaleras arriba, pensando: cómo he llegado hasta aquí. Como si no lo supiera. Como si no fuera exactamente lo que hago cada vez.

Lo cuento en presente porque no es pasado. Ayer mismo dije que sí a algo antes de que terminaran la frase. Me oí decirlo. Me vi hacerlo. Y no me paré.

Abrí la agenda del móvil una noche, buscando un hueco para ir por fin al fisio, que llevaba días insistiéndome desde la espalda. Y lo que vi me dejó quieta. Quince cosas apuntadas esa semana. Las conté dos veces. El médico de la vecina. El turno de una compañera que "tenía una cosa". La comida de más para mi madre, que no la pidió. El recado del grupo del cole. La amiga que solo escribe a las once cuando el mundo se le cae encima. Quince compromisos, y todos con nombre. Ninguno era el mío. Busqué un hueco para mí en mi propia agenda y no había. Ni uno. Llevaba semanas sin haber un solo rato que empezara y terminara en mí.

Busqué un hueco para mí en mi propia agenda. No había ni uno. Llevaba semanas.

El cuerpo lo llevaba diciendo tiempo. Dormía mal. Se me trababa la mandíbula. La espalda cargaba pesos que ni eran míos. Pero una lo aparta, eso, con un "ya iré", con un "cuando pueda", que en mi boca significaba nunca.

La factura del fisio llegó dos semanas después de la mudanza. Sesenta euros. La miré y me hizo una gracia amarga, de esas que no dan risa. Había pagado, con mi dinero y con mi espalda, por cargar las cajas de alguien cuyo apellido ni sé. Sesenta euros, más las tres sesiones que vinieron detrás. La mudanza me salió cara y ni era mía. Ahí, con el papel en la mano, hice una cuenta que llevaba media vida sin hacer: lo que doy, lo que me vuelve. Salía en rojo. Siempre había salido en rojo, solo que nunca me había sentado a mirarlo.

Se lo dije a una amiga, la única a la que me atreví. Que no sabía decir que no. Que me daba pánico que la gente se molestara. Y ella, sin ponerse solemne, me soltó: "¿Y a estar tú enfadada todo el rato no le tienes miedo?". Me callé. No lo había mirado nunca desde ahí.

La primera vez que dije que no fue por teléfono, a una encuesta. Una tontería. Colgué y me temblaban las manos, como si hubiera roto algo. No se rompió nada. Nadie me quiso menos. Fui aprendiendo a decir que no sin el párrafo de disculpas detrás; un "no puedo" a secas, sin justificar mi existencia. Aprendí a dejar pasar dos segundos antes de contestar, esos dos segundos en los que antes ya había dicho —bueno, iba a decir "que sí". En los que antes ya me había ofrecido yo, sin que nadie pidiera nada.

Colgué y me temblaban las manos como si hubiera roto algo. No se rompió nada.

No fue una línea recta y no te la voy a vender así. Con mi madre recaigo cada dos por tres; sabe qué tecla tocar y yo vuelvo al sí de siempre. Con el compañero que me endosaba lo suyo tardé meses. Y todavía hoy, algún día, me oigo diciendo que sí cuando quería decir —cuando por dentro ya era un no. La diferencia es que ahora me pillo. A veces esa misma tarde, no diez años más tarde. Sigo recayendo. Lo cuento porque es verdad, no porque quede bien.

Empecé a anotar en un cuaderno lo que iba viendo. Un límite cada vez. La frase que sí sabía sostener y la que se me caía. Lo escribí a mano, despacio, para las noches en que se me olvidaba a quién quería parecerme. Y pensé en la que abre su agenda una noche cualquiera y no se encuentra en ella. Por ella lo pasé a limpio.

¿Te suena?

Dices "cuenta conmigo" antes de mirar tu agenda, y luego no sabes ni cómo vas a poder.
Ensayas la frase para decir que no en la ducha, y al final sale un sí.
Te ofreces tú antes de que nadie te lo pida, para que no lo tenga que pedir nadie.
Llegas al domingo por la noche haciendo cuentas de todo lo que diste y nadie te devolvió.
17 €El arte de decir que no
EL CUADERNO

Lo que anoté para las noches en que se me olvidaba

Aquel cuaderno hecho a mano es este, pasado a limpio: treinta días, un límite cada vez, para aprender a decir que no sin el párrafo de disculpas y sin salir corriendo a arreglar la culpa. No te promete que dejes de recaer, porque yo aún recaigo. Te promete pillarte antes, y tener por escrito, con tu letra, la frase que sí sabes sostener el día que se te olvide.

  • 30 días, uno cada vez, sin agobios.
  • Un paso realista al día y sitio para escribir a mano.
  • Escrito por alguien que lo ha vivido, no un manual frío.

17 euros: menos que las tres sesiones de fisio que me costó cargar una mudanza que ni era mía.

✓ Garantía de 30 días — te devuelvo el importe, sin preguntas

Pago seguroDescarga inmediataCuaderno para rellenarGarantía de 30 días

Lo que te llevas

Todo lo que incluye tu cuaderno de 30 días

30 días, uno cada vez

Cada día trae una lectura corta y honesta, un paso de hoy (una micro-acción realista, nada de proezas) y unas preguntas con sitio para responder a mano. Ni se cura en 30 días ni te lo va a prometer.

Tu pacto de límites, para firmar

Una página que completas y firmas con tu propia letra: qué vas a sostener y qué dejas de cargar. Para releerla el día que la culpa te empuje a decir que sí otra vez.

El día 27, mirando de frente

Los días 20 y 27 se paran a ver cuándo el no poder decir que no viene de algo más hondo (ansiedad, una relación que hace daño) y te dicen claro cuándo conviene buscar ayuda profesional. Sin rodeos.

Un hueco para escribir a mano

Espacio de sobra en cada día para tu letra: la frase que sí sostuviste, la que se te cayó, lo que diste y lo que te volvió. Es tuyo, para ti sola; no lo lee nadie.

Un PDF que es tuyo

Formato PDF para imprimir o rellenar en pantalla, a tu ritmo, saltándote días si hace falta. La única condición es que sea sincero, aunque sea solo contigo.

Así es un día dentro del cuaderno

DÍA 7 · UN DÍA CUALQUIERA
  • Una lectura corta, de dos minutos, que no te sermonea.
  • Un solo paso para hoy. Pequeño a propósito: cabe en tu peor día.
  • Espacio para escribirlo a tu mano. Lo tuyo, con tus palabras.

Cómo funcionan los 30 días

Semana 1

De dónde te sale el sí antes de pensarlo

Semana 2

El no amable: negarte sin un párrafo de excusas

Semana 3

Límites de verdad: tu madre, el compañero, el móvil que no calla

Semana 4

Vivir con límites: la culpa de después y las relaciones que cambian

Quién lo escribe

S

Por Susana Roldán

Susana Roldán se pasó años siendo la que nunca falla, la que se ofrecía antes de que nadie pidiera. Trabajó de auxiliar en una residencia, donde cargar con lo de todos venía de serie. Aprendió a decir que no a fuerza de decir que sí demasiadas veces; lo cuenta tal cual, recaídas incluidas.

Nuestro trato contigo

  1. No te diremos que en 30 días estarás curada. No funciona así, y lo sabes.
  2. No hay testimonios inventados, ni cuentas atrás falsas, ni «solo quedan 3».
  3. Si abres el cuaderno y no te habla, te devuelvo el importe. Sin preguntas, durante 30 días.
Esto es acompañamiento, no terapia, y no sustituye la ayuda de un profesional. Si tú o alguien estáis en peligro, pedid ayuda: en EE. UU., 988 (crisis) y, ante una emergencia, 911. Si hay maltrato, National Domestic Violence Hotline 1-800-799-7233. Y si el malestar se ha vuelto constante, habla con un psicólogo.

Preguntas frecuentes

¿Esto es terapia?
No. Es un cuaderno de acompañamiento, escrito desde lo vivido, no un tratamiento. Si notas que decir que no te cuesta muchísimo, o que detrás hay algo más hondo (ansiedad, una relación que te hace daño), el propio libro te lo dice claro en los días 20 y 27 y te anima a buscar ayuda profesional.
Soy incapaz de decir que no ni a un desconocido. ¿Esto es para mí?
Sí, es justo para eso. No empieza pidiéndote que digas no a lo más difícil. Empieza por ver de dónde te viene el sí automático, y solo después vas, poco a poco, a los límites de verdad: tu madre, tu jefe, la amiga que solo llama en crisis.
¿Y si lo empiezo y me da vergüenza escribir mis cosas ahí?
Es tuyo, para ti sola. Nadie más lo va a leer. Y no hace falta que lo llenes entero ni en orden: hay quien va a su ritmo y se salta días. La única condición es que sea sincero, aunque sea solo contigo misma.
Ya lo he intentado antes y siempre vuelvo a decir que sí. ¿Qué tiene esto de diferente?
Que no promete curarte en 30 días, y te lo dice desde la portada. Vas a seguir recayendo, la autora también recae. Lo que cambia es que vas a pillarte antes, y vas a tener un pacto de límites escrito, con tu letra, para releer el día que se te olvide.

Empieza hoy. Un día cada vez.

Para la que dice "sí" antes de pensarlo y vuelve a casa agotada y resentida.

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Este material es acompañamiento, no terapia, y no sustituye la ayuda de un profesional.

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