Mente

Cómo dejar de darle vueltas a un mensaje que ya enviaste

Le has dado a enviar. El mensaje ya está fuera, ya no es tuyo, ya viaja solo por ahí sin que puedas alcanzarlo, y sin embargo tu cabeza actúa como si todavía pudiera cambiarlo con solo pensarlo más fuerte. Empiezas a repasarlo de memoria, palabra por palabra, con el móvil bocabajo sobre la mesa como si eso ayudara. Piensas si sonó demasiado seco, si ese «vale» necesitaba un punto o no lo necesitaba, si deberías haber puesto algo más, un emoji, una coma, cualquier cosa. Y ahí arranca la espera: cada minuto sin respuesta se convierte en una prueba más de que algo salió mal, aunque no tengas ni un solo dato real que lo confirme.

Quiero darte algo distinto a «no le des importancia», porque ya sabes que eso no funciona y probablemente te lo han dicho más de una vez sin que sirviera de nada, casi como una palmadita en la espalda que no cambia lo que sientes por dentro. Te propongo cuatro pasos pequeños, uno detrás de otro, pensados para el momento exacto en que el bucle empieza, no para cuando ya llevas dos horas metida en él con el móvil cargándose al lado de la almohada.

Paso 1: ponle nombre en cuanto lo notes

En el momento en que te descubras releyendo el mensaje otra vez, antes de seguir, antes de tocar la pantalla, dite una frase muy sencilla: «esto es el bucle, no es un hecho». No hace falta que sea elaborada ni que te la creas del todo la primera vez, ni la segunda. Solo tiene que interrumpir el piloto automático medio segundo, lo justo para que asome la duda.

Ponerle nombre hace algo importante: separa lo que estás pensando de lo que es verdad. ¿Sonó mal de verdad, o solo estás pensando que sonó mal? No son la misma cosa, aunque la cabeza, en ese momento, con esa seguridad tan convincente, te las presente como si lo fueran.

Ponle un horario fijo a la preocupación

Aquí viene la parte que más sorprende cuando se prueba por primera vez. En vez de intentar no pensar en el mensaje en todo el día —cosa que, ya lo sabes por experiencia propia, no funciona nunca—, ponte una cita concreta contigo misma. Un horario fijo, por ejemplo las siete de la tarde, diez minutos, para pensar en ello todo lo que quieras: releer, imaginar respuestas, darle todas las vueltas que necesites.

Y fuera de esa cita, cuando el bucle intente colarse a las once de la mañana en mitad de una tarea, o a media comida con alguien delante, le dices, sin pelearte con él, casi con la calma de quien ya conoce el truco: «ahora no, a las siete». Es aplazarlo a un momento con límite, no reprimirlo del todo. Y lo curioso es que, cuando llega la hora, muchas veces ya no queda tanta urgencia como parecía a las once de la mañana.

¿Esto lo sé o lo estoy adivinando?

Esta es la herramienta que más me gusta, porque cabe en una frase y funciona en el momento, sin necesidad de nada más: «¿esto lo sé o lo estoy adivinando?».

Aplícala al mensaje. ¿Sabes que sonó mal, o lo estás adivinando por el silencio en la pantalla? ¿Sabes que esa persona está enfadada, o lo estás rellenando tú porque no hay respuesta todavía y el hueco pide ser llenado con algo? Casi siempre, si eres honesta contigo misma, la respuesta es que lo estás adivinando. Y una suposición, por muy convincente que suene dentro de tu cabeza a las once de la noche, no es un hecho. No merece que le dediques la tarde entera como si lo fuera.

  • Nota el momento exacto en que empiezas a releer y nómbralo, aunque sea en un susurro
  • Aparca la preocupación para su cita fija, no la persigas todo el día de un lado a otro
  • Pregúntate si lo sabes o lo estás adivinando, en voz alta si hace falta, aunque suene raro
  • Anota en un papel la respuesta que dio la pregunta, para no reabrir el tema mentalmente por la tarde
Esto que lees es una idea de «La mente que no para» — el cuaderno de 30 días de esta serie: un paso pequeño cada mañana, para lo mismo que estás leyendo aquí. No hace falta comprarlo para seguir leyendo el blog.

Paso 4: cuando vuelve (porque va a volver)

Y aquí la parte que quiero que te quede muy clara, porque es la que más alivia cuando por fin la entiendes de verdad, sin peros: el bucle va a volver. Puede que a la media hora, puede que al día siguiente con otro mensaje distinto sobre otro tema cualquiera. Eso no significa que el método no sirva, ni que hayas fallado en algo que deberías haber resuelto ya. Significa que llevas mucho tiempo entrenando el camino contrario, el de darle vueltas, y ese camino no se borra a la primera ni a la quinta.

No se trata de no releer nunca más. Se trata de bajarte antes cada vez.

La primera vez, a lo mejor te bajas en la vuelta quince en vez de en la veinte. Ya es algo, aunque no lo parezca desde dentro. La siguiente, en la diez. Eso es lo que se entrena: no la ausencia total del bucle, sino la rapidez con la que reconoces que estás dentro y decides bajarte, un poco antes cada vez que lo intentas.

Yo sigo haciendo esto. No te voy a contar que una mañana dejé de releer mensajes para siempre, porque no fue así, ni por asomo, y no le haría ningún favor a nadie contarlo de esa manera tan bonita y tan falsa. Lo que sí cambió es cuánto tardo en darme cuenta y cuánto me cuesta soltarlo después. Eso, con la práctica de un día cada vez, con estas mismas preguntas escritas a mano en un papel pequeño que guardo en el cajón de la mesilla, sí se mueve, poco a poco.

Si notas que esto no es solo un mensaje de vez en cuando, sino que el bucle ocupa gran parte de tu día y no te deja funcionar, ni concentrarte, ni disfrutar de nada, o si detrás de la preocupación hay algo que te hace sentir en peligro real, no lo sostengas tú sola: pide ayuda profesional, hoy mismo si puedes. Para el resto de los días, para el mensaje normal que te deja dándole vueltas hasta las tantas, con estos cuatro pasos pequeños, uno cada vez, ya tienes por dónde empezar hoy mismo.

Si esto te ha tocado, sigue por aquí

Cómo tomar una decisión pequeña sin darle mil vueltas

Leer ahora →

o quizá: Por qué 'no pensar en nada' no te funciona (y qué hacer en su lugar) · Releo el mismo mensaje veinte veces y no puedo parar

Esto es acompañamiento, no terapia, y no sustituye la ayuda de un profesional. Si tú o alguien estáis en peligro, pedid ayuda: en EE. UU., 988 (crisis) y, ante una emergencia, 911. Si hay maltrato, National Domestic Violence Hotline 1-800-799-7233. Y si el malestar se ha vuelto constante, habla con un psicólogo.

Empieza hoy. Un día cada vez.

Para la que relee un mensaje veinte veces y se queda tres días con una frase de nada.

Llévate la guía gratis de 1 página

Déjame tu email y te la envío ahora mismo. «El volcado de 5 minutos»

Te enviaré la guía y, de vez en cuando, algo que pueda ayudarte. Sin spam; date de baja cuando quieras.

17 €Garantía de 30 días — te devuelvo el importe, sin preguntas
Ver el cuaderno