Mente

No puedo dejar de darle vueltas a lo mismo por la noche

Es siempre la misma frase. Le das una vuelta, y otra, y otra más, tumbado de lado con la almohada ya sudada por ese lado, como si repetirla fuera a cambiar algo, como si en la vuelta número quince fueras a encontrar la salida que no encontraste en la primera. No la encuentras. Nunca la encuentras. Y aun así vuelves a empezar, con la misma frase, casi con las mismas palabras exactas, como un disco rayado que tu cabeza pone cada noche a la misma hora.

Lo peor no es ni siquiera el pensamiento en sí. Es que tú ya lo sabes: sabes perfectamente que de noche no se arregla nada, que a las tres de la madrugada no vas a resolver esa factura, ni esa conversación pendiente con tu hermana, ni esa decisión que llevas aplazando desde hace semanas. Lo sabes con la misma certeza con la que sabes que mañana sale el sol. Y aun así, saberlo no te sirve para parar, y eso es lo que más rabia da: no es que te falte información, es que la información no llega a donde hace falta.

Esa es la parte que más cansa: no es falta de lucidez, es la lucidez chocando contra algo que no obedece a la lucidez. Si te sientes así, ¿te falta fuerza de voluntad? Más bien estás intentando razonar con algo que, de noche, no funciona con razones, por mucho que se lo repitas con la voz interior más calmada que consigas poner.

De noche la cabeza no razona, teme

De día, cuando algo te preocupa, tu cabeza suele ser capaz de moverlo: buscar una solución mientras haces la compra, aplazarlo con criterio entre una reunión y otra, ponerlo en su sitio dentro de todo lo demás que tienes encima. De noche eso cambia, y no porque tú falles, sino porque el terreno es distinto.

A oscuras, sin las distracciones del día, sin gente alrededor, sin tareas que atender, sin ese compañero que te hace reír en el peor momento, ese mismo pensamiento se queda solo contigo, sin nada que le haga sombra. Y en ese silencio la cabeza no piensa mejor, piensa peor: deja de evaluar y empieza a alarmar. No busca soluciones, busca peligro. Por eso una preocupación normal, de las que de día llevarías con cierta calma mientras conduces o friegas los platos, de noche se convierte en algo que parece urgente, enorme, sin salida, como si de repente ocupara toda la habitación.

El problema no ha crecido de verdad mientras dormías. Es que la parte de ti que teme se ha quedado sola al mando, sin la parte que de día suele poner las cosas en su sitio, la que te dice "eso ya lo resolverás mañana" y de verdad te lo crees. Por eso no consigues razonar con el pensamiento y salir de ahí: no es una charla, es un bucle, y los bucles no se cortan pensando más, se cortan de otra manera.

La pregunta que corta, escrita, no pensada

Aquí va el paso que de verdad ayuda, y quiero que te fijes en el matiz: no es pensar la pregunta, es escribirla. Pensarla de noche solo añade una vuelta más al bucle, una vuelta con forma de pregunta pero vuelta al fin y al cabo, otra frase más que tu cabeza usa para seguir dándole al mismo tema. Escribirla es distinto, porque te obliga a parar un segundo, a encender la luz mínima, a mover la mano, a sacar el pensamiento de tu cabeza y ponerlo delante de ti, en el papel, donde ya no puede seguir dando vueltas solo.

La pregunta es esta: ¿esto lo puedo tocar ahora mismo, a las tres de la madrugada, tumbado en la cama? Escríbela. Y escribe la respuesta, aunque ya la sepas. Casi siempre la respuesta es no. Y ese no, puesto en un papel con tu propia letra torpe de madrugada, con la tinta emborronándose un poco porque la mano tiembla de sueño, pesa distinto que el mismo no pensado y repetido mentalmente cien veces sin que sirva de nada.

No hace falta que resuelvas nada más esa noche. El objetivo no es cerrar el tema, es sacarlo de tu cabeza y dejarlo en otro sitio durante un rato, como cuando alguien te sujeta la puerta y por fin puedes soltar las bolsas que llevabas cargando. Eso ya es mucho, aunque no lo parezca desde dentro del bucle.

Una cita de día para eso que te persigue de noche

Esto que lees es una idea de «La mente a las 3 a.m.» — el cuaderno de 30 días de esta serie: un paso pequeño cada mañana, para lo mismo que estás leyendo aquí. No hace falta comprarlo para seguir leyendo el blog.

Hay algo que cambia bastante las cosas, y es esto: si esa preocupación tiene un hueco reservado de día, con hora y lugar concretos, de noche puedes decirle "ahora no, mañana a las siete tienes tu sitio" sin sentir que la estás abandonando ni engañando, sin esa sensación pegajosa de estar huyendo de algo importante.

No hace falta montar nada complicado. Basta con elegir un momento del día, diez minutos, sentarte con el cuaderno en la mesa de la cocina o donde te resulte cómodo, y dejar que ahí sí, con la cabeza despejada y un café al lado, esa preocupación tenga su espacio entero. Cuando esa cita existe de verdad, de noche resulta mucho más fácil aplazar sin culpa, porque no estás cerrando la puerta, solo la estás moviendo a un momento donde tu cabeza sí puede pensar con algo de criterio, en vez de con el miedo llevando la voz cantante.

La primera vez que escribí la pregunta en vez de dármela vueltas por dentro, no dejé de pensar en ello. Pero sí dejé de sentir que estaba solo contra algo enorme a oscuras.

Nada de esto te va a quitar de golpe las noches en vela, y prefiero decírtelo así de claro en vez de prometerte algo que luego no cumpla. Pero sacar el pensamiento al papel, aunque sea con dos palabras torpes y la letra temblando, y dejar de exigirte resolverlo todo a las tres de la madrugada, es un paso pequeño y real. Uno cada vez es suficiente, aunque algunas noches te cueste creerlo.

Y si lo que te da vueltas de noche no es una preocupación puntual sino algo que te pesa siempre, que no se calma ni de día, o que viene acompañado de una angustia que no baja, no lo dejes solo en manos de un cuaderno: eso merece hablar con un profesional que pueda acompañarte de cerca, con más herramientas de las que caben en estas páginas.

Si esto te ha tocado, sigue por aquí

¿Es normal despertarse siempre a la misma hora de la noche?

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o quizá: Cómo dejar de darle vueltas a la cabeza antes de dormir · Por qué mi cabeza no se calla por la noche

Esto es acompañamiento, no terapia, y no sustituye la ayuda de un profesional. Si tú o alguien estáis en peligro, pedid ayuda: en EE. UU., 988 (crisis) y, ante una emergencia, 911. Si hay maltrato, National Domestic Violence Hotline 1-800-799-7233. Y si el malestar se ha vuelto constante, habla con un psicólogo.

Empieza hoy. Un día cada vez.

A las tres de la madrugada tu cabeza miente. Y no tienes por qué creerte todo lo que te dice.

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