Mente

Cómo decir lo que me molesta sin gritar ni tragármelo otra vez

Llevas tanto tiempo eligiendo entre dos opciones, las mismas de siempre, que ya ni te planteas que pueda existir una tercera. O te callas, sonríes, dices "no pasa nada" con la voz un poco más aguda de lo normal y sigues como si nada, terminando la cena, fregando los platos. O aguantas, aguantas, aguantas durante días, a veces semanas, hasta que un día salta todo junto, más fuerte de lo que la situación merecía por sí sola, y encima te sientes fatal después, dando vueltas en la cama repasando la escena. Tragar o explotar. Como si no hubiera absolutamente nada entre medias, como si el mundo solo tuviera esas dos puertas.

Sí lo hay. Y no es un truco de comunicación asertiva sacado de un manual con dibujitos, es algo mucho más sencillo y más de andar por casa: decir las cosas a tiempo, en su tamaño real, con una frase corta que no necesita ensayo. Vamos a verlo paso a paso, sin prisa, como quien aprende algo que debería haberse aprendido hace años pero nunca es tarde.

Paso 1: decirlo el mismo día, no cuando la despensa ya esté llena

El problema no es tanto lo que sientes en el momento, sino cuánto tiempo lo dejas esperando dentro, dando vueltas, sin nombrar. Cada cosa que te callas se va guardando, capa sobre capa, como en una despensa que se llena sin que nadie la vacíe nunca. Y una despensa llena, tarde o temprano, revienta por donde no debía: por el vaso mal puesto en la encimera, por el comentario sin importancia de un viernes cualquiera, por la persona que menos culpa tenía de todo lo que se venía acumulando desde antes.

Así que el primer paso es este, y parece obvio hasta que te das cuenta de que nunca lo haces: cuando algo te moleste, dilo ese mismo día. No esperes a la noche perfecta para "hablarlo con calma", porque esa noche perfecta casi nunca llega, siempre hay algo más urgente, y mientras tanto sigues guardando lata tras lata. La frase no tiene que ser larga ni perfecta ni preparada delante del espejo. Solo tiene que ser sobre el hecho concreto, no sobre la persona entera y su historial. No es "es que tú siempre haces lo mismo", es "esto de hoy me ha dolido" o "esto no me ha gustado". El hecho de hoy, nada más, del día concreto en que pasó.

Paso 2: en voz normal, sin el párrafo de disculpas por delante

Aquí viene la parte que más cuesta, sobre todo si te han educado, como a tantas, para no dar problemas nunca: decirlo sin el prólogo de disculpas que llevas automatizado. Sabes exactamente de qué prólogo hablo, porque lo usas casi sin pensar. Ese que empieza con "perdona que te diga esto", sigue con "seguramente soy yo que estoy sensible" y termina restándole toda la fuerza a lo que ibas a decir, incluso antes de haberlo dicho del todo.

Prueba a saltarte ese prólogo esta vez, aunque te cueste al principio como quitarse una muletilla. No hace falta gritar para que se te oiga con claridad, y tampoco hace falta pedir perdón por sentir lo que sientes antes de siquiera contarlo. Una voz normal, la misma con la que pides la sal en la mesa un domingo cualquiera, es la voz correcta para decir "esto no me ha gustado". No necesita ni un grado más de volumen ni un grado más de disculpa por delante.

Paso 3: aceptar que las primeras veces saldrá torpe

Si llevas años sin decir las cosas a tiempo, años de tragar por costumbre, es normal que las primeras veces te salga raro, torpe, casi como si hablaras en un idioma que no dominas del todo. Puede que la voz te tiemble un poco al empezar la frase. Puede que la frase no te salga tan redonda como la habías ensayado mentalmente mientras venías de camino. Puede que incluso, justo después de decirla, te quedes con ganas de salir corriendo de la habitación o de restarle importancia enseguida, añadiendo un "bueno, tampoco es tan grave".

Esto que lees es una idea de «La rabia que me tragué» — el cuaderno de 30 días de esta serie: un paso pequeño cada mañana, para lo mismo que estás leyendo aquí. No hace falta comprarlo para seguir leyendo el blog.

Nada de eso invalida que lo hayas dicho, y eso es lo importante de retener. Torpe y dicho es mejor que perfecto y tragado, siempre, sin excepción. No estás compitiendo por la frase mejor construida del año, estás rompiendo un hábito de años enteros, y los hábitos de años no se rompen con elegancia a la primera. Se rompe con la voz temblando un poco, y está bien que sea así.

Una frase para hoy, y qué hacer si la otra persona reacciona mal

Si necesitas algo concreto para empezar hoy mismo, sin darle más vueltas, aquí tienes una plantilla de una sola línea que puedes llevarte tal cual: "Esto que ha pasado no me ha sentado bien, quería decírtelo". Así, sin más adornos. Sin la lista entera de motivos por los que tienes razón, sin sacar el historial de todas las veces anteriores que también te molestaron. Solo el hecho de hoy, y que lo has dicho en voz alta.

Y ahora la pregunta que seguramente te ronda mientras lees esto: ¿y si la otra persona se lo toma mal? Puede pasar, es verdad, y no depende solo de ti. Pero fíjate en algo importante que se te olvida en el momento: tu frase no ha sido un ataque, ha sido información sobre cómo te sientes, nada más que eso. Si la persona reacciona mal a una frase corta y respetuosa, dicha sin gritar y sin acusar, eso ya te dice algo importante sobre la conversación que tenéis pendiente entre los dos, y no es motivo para que la próxima vez vuelvas a tragar como siempre. Puedes sostener la frase con calma, repetirla si hace falta con las mismas palabras exactas, y no entrar a defenderte de una reacción que no es la que esperabas ni la que mereces. Decir lo que sientes no te hace responsable de cómo lo reciba el otro.

No tienes que dominarlo hoy, ni esta semana. Solo prueba con una frase, una vez, y mira qué se siente al no tragártela ni gritarla. Un día cada vez, como todo lo demás que de verdad merece la pena.

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Esto es acompañamiento, no terapia, y no sustituye la ayuda de un profesional. Si tú o alguien estáis en peligro, pedid ayuda: en EE. UU., 988 (crisis) y, ante una emergencia, 911. Si hay maltrato, National Domestic Violence Hotline 1-800-799-7233. Y si el malestar se ha vuelto constante, habla con un psicólogo.

Empieza hoy. Un día cada vez.

Para "la buena", la que nunca protesta y por dentro lleva una despensa a punto de reventar.

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